lunes, 25 de junio de 2018

Tiempos pasados



Le pasa la mano por la espalda acercándola a él, le magrea las tetas sin demasiado tacto y la lleva a su pecho, la agarra del pelo y su cara queda mirándolo, besa su cuello, lo muerde... La maneja del pelo, como si de una correa se tratase. Qué mejor correa que esa. Ella queda en frente de la cama con un pie en el suelo y la otra pierna encima de las sábanas revueltas. Empuñando su melena tiene unas bonitas vistas, así de abierta tiene acceso a todo lo que desea, su coño, su culo. Lástima que no se esté quieta, pero lo acabará estando, a todo caballo salvaje se lo acaba domando. Se la mete sin vacilar, hasta el fondo, con fuertes embestidas, mientras sube su pierna para clavársela todo lo adentro que pueda. Ella medio girada lo mira desafiante, le gusta y le reta, es algo que le encanta... provocar. Araña su pecho, él le aparta la mano, tensa su pelo haciéndola mirar al frente.

- No sé qué te has creído zorrita, tres horitas de tratarte delante de la gente como a una igual y mírate, no tienes remedio

La azota con firmeza mientras la cavalga. Uno, dos, tres... Ella forcejea, no se lo va a poner tan fácil, esta noche no.

- Empieza a ponerse bastante rojo, no juegues, mañana vas a pasar muchas horas sentada.
- Oh! Qué problema tan grande... - responde con sarcasmo

Le tapa toda la boca con brusquedad y tira de ella hasta pegar su espalda a su torso.

- O te comportas, o haré que te comportes – le chorrea sudor por la frente, se lo limpia con la mano y le vuelve a tapar la boca – Chúpalo.

Ella saca la lengua y chupa lo que puede de su mano. Él le estruja los carrillos con rabia, le da una bofetada y le susurra al oído que no la quiere escuchar.

- No quiero oírte, ni un gemido, ni una queja.¡ y tampoco quiero que te muevas ni un puto centímetro. ¿Te ha quedado claro?
- Sí, Amo.
- Que bien respondes cuando quieres.

La reclina quedando a cuatro patas sobre la cama, la sujeta de las caderas y vuelve a la carga. No puede negar que esta cachonda, tiene mojados ambos muslos de todo lo que sale de su coño. Una de sus manos tira y aprieta de su cintura hacia él y la otra la azota una y otra vez hasta que su nalga izquierda adquiere un color púrpura. Ella se intenta llevar las manos atrás para impedir que la siga azotando pero él le coge los brazos por detrás y la hunde en el colchón mientras se la sigue clavando de forma violenta. Se corre, y cae sobre ella dificultándole la respiración con su cuerpo tendido sobre ella.

- No vayas a pensar que he terminado contigo – dice mientras va hacia el baño de la habitación – ponte a cuatro patas con la cabeza apoyada sobre la cama, las piernas abiertas y las manos a la espalda.

Cuando sale del baño ella esta tal cual le ha ordenado. Le pasa la mano por el coñito húmedo... tiene algo de sangre. Coge el bote de lubricante, le abre las nalgas y deja caer un buen chorro. Mete sus dedos, uno, dos, tres.

- Que rápido vamos hoy... que cerda te pone que te obligue, ¿eh? Que te fuerce a obedecer quieras o no niñata malcriada.

Ella gime, eso le cabrea, le dijo que no quería oírla. Coge sus bragas mojadas y se las mete en la boca.

- Así verás qué calladita te quedas mientras dejas ese culo bien dispuesto para que tu Amo se lo folle.

Se la mete sin dilación, la lentitud del principio dura poco...

- Ha tardado menos tu culo en adaptarse al tamaño de su polla que tu coño – le pasa la mano por los pechos y se los estruja, tira de su pelo haciendo que su cuerpo quede a unos diez centímetros del colchón – Me encanta que seas tan puta... Mi puta - le susurra.

Masajea su clítoris, puede sentir sus gemidos ahogados.

- ¿Quieres correrte?

Intenta decirle “sí Amo” pero sólo se escucha un balbuceo. Cada vez frota con más fuerza su clítoris, su vagina, presiona con fuerza para luego soltar y frotar y volver a hacer presión con el dorso de su mano.

- Vaya, no te oigo, será que no tienes demasiadas ganas aún – dice mientras esboza una sonrisa burlona.

Siente que no puede más, va a explotar en un orgasmo sin que él le haya dado permiso y eso es una falta grave. Se saca las bragas de la boca empujándolas con la lengua.

- Por favor Amo, por favor, ¿puedo correrme? - suplica con fervor, sabe que no tiene mucho tiempo y necesita un sí inmediato así que entona la súplica.
- Córrete, perra, córrete para tu Amo.

Explota su orgasmo en el frenesí de saberse usada, forzada, sodomizada, azotada... Qué extraño se le hace que palpite el coño habiéndosela follado por el culo.

- Te has quitado las bragas de la boca sin permiso Mara – ella lo mira de reojo y mira al suelo, no hace falta que lo diga, está arrepentida, se le nota en la mirada – Vé a ducharte, lo arreglaremos otro día.

martes, 29 de mayo de 2018

De bares


Sentada en la terraza del bar da un largo trago a su bebida mientras se relaja escuchando música y redacta el trabajo que tiene pendiente. La tarde es tan horrorosamente calurosa que nota como una gota se desliza por su pecho hasta el ombligo, disimuladamente se mete la mano dentro de la camiseta para aliviarse del sudor mientras mira detenidamente las mesas de al lado, como imaginaba todos están a sus cosas. Sonríe de saberse invisible, le encanta la sensación de hacer cosas levemente obscenas delante de las personas sin que se den cuenta. Cierra el portátil, va a descansar un poco, total, dos mesas más adelante hay un grupo muy escandaloso que no la deja concentrarse. Su mirada se cruza con una chica sentada con sus amigos, mientras charlan y se ríen ella la mira, ¿se habrá dado cuenta de que se ha metido la mano por la camiseta antes? Sólo de pensarlo le entra una risa que mezcla timidez y diversión. La mira de arriba a abajo y se percata que no lleva sujetador, puede ver como los pezones rozan su camiseta con cada movimiento. Se imagina así, claro que a ella no se le notaría tanto, si algún día cumpliese una orden así ¿alguien se daría cuenta? Sólo de imaginarlo empieza la explosión en su coño. Últimamente está tan susceptible... se muerde el labio y ladea la mirada mientras resopla. Es hora de irse, se sienta en la barra a esperar la cuenta.

- ¿Nos pones otra ronda? - Dice una voz de mujer a su izquierda.

Es la chica del sujetador, no puede evitar mirarla, sus pezones son hipnóticos.

- ¿me mirabas?
- Sí, ¿tampoco llevas bragas?
- ¡¿Cómo?!
- Pues eso, que si llevas bragas
- Claro que llevo bragas - responde en un tono molesto
- Que pena, estarías mucho mejor sin ellas – Recoge sus vueltas y sale del bar.

En realidad no sabe ni cómo han salido esas palabras de su boca, no es nada propio de ella, parece que las palabras broten solas de su boca.
El corazón le va a mil. Ni siquiera la conoce de nada y parecía molesta. Qué más da, está en la gran ciudad, no la tiene que volver a ver. Se ríe para sus adentros asimilando lo que acaba de hacer. Al llegar a casa allí está él tumbado en el sofá. Se tumba encima suyo, lo besa y lo abraza.

- Últimamente nos vemos poco, te echo tanto de menos...
- Yo también te echo de menos – responde mientras le besa el cuello – hemos quedado en el Mundo de la Tapa en media hora con Ana y Mikel.
- Pero.. ¿hoy?
- Sí, ¿qué pasa?

Es el bar del que viene, sólo de pensar que puede seguir allí esa chica hace que se ponga de todos los colores.

- No, nada... ¿no podemos ir a otro sitio?
- Pero si antes me has escrito un WhatsApp diciendo que te apetecía cenar allí, de verdad que a veces no te entiendo, ya le he dicho a esta gente que íbamos allí, otro día vamos a otro sitio.

Se le nota por el tono de voz que está molesto y ya tiene unas cuantas faltas escritas en su libreta cuyos castigos aun no han llegado así que no rechista más.

- Bueno, voy a maquillarme y arreglarme a ver si con suerte, en caso de que esté, no me reconoce - se dice para sus adentros -.

Ana y Mikel están ya en una mesa de dentro del local cuando llegan. Respira aliviada, ha entrado tan directa por la vergüenza que ni siquiera se ha dado cuenta si la chica de los pezones seguía allí. Se saludan y comienza una charla distendida. Siempre acaban hablando de trabajo, en cierto modo es lógico, comparten profesión y empresa, es divertido cuando se ríen de situaciones laborales con ese humor negro mezclado con sarcasmo. Ana tiene el don de saber llevar las conversaciones siempre a su terreno, lo extrovertida que es le encanta, no se cansa de escucharla. Ríen todos a una mientras cuentan anécdotas. La cerveza empieza a hacer efecto, necesita ir al baño.

- Si me disculpáis un momento, voy al baño.

Nada más entrar es como si un jarro de agua fría le cayese encima, es ella. Qué cara de pánfila debo de tener ahora mismo, piensa. Siente como se ruboriza y empieza a sudar. Ella la mira de arriba a abajo.

- Hola, vienes más guapa.
- Hola, gracias – le responde.
- Me llamo Mariona – extiende la mano a modo saludo.
- Mara – se seca las manos y se la estrecha.
- Te he visto varias veces, ¿vives por aquí?
- Sí, vivo cerca

Entra en el baño, parece que el chorro nunca se acaba. Por no moverse un poco más y se orina encima. Escucha como se abre y cierra la puerta. Suspira aliviada al pensar que a la salida ya no tendría que verla. Suena el agua del grifo caer, se extraña, pensaba que no habría nadie más dentro. A la salida ve que es ella lavándose las manos. Qué raro que aún siga allí. Un calambre de morbo y vergüenza le recorre toda la espalda. ¿Le recriminará sus palabras? Actúa como si nada, a veces la naturalidad es la mejor arma, se dice con convicción. Se lava las manos. Ella se le queda mirando de forma descarada.

- ¿Necesitas algo? - dice con un tono un tanto seco, vale que le haya dicho algo que no debía sin conocerla pero tampoco ha sido para tanto.

Saca unas bragas del bolso y las deja encima del mármol, en segundos le pasan mil cosas por la cabeza. Está tan excitada que puede notar como se le empapan todas las bragas. La mira de arriba a abajo.

- ¿Llevas de repuesto o qué? - le dice con una sonrisa entre burlona y divertida.

Le coge la mano y se la mete en el vaquero, que coño tan suave, joder está tan mojada... Fija su mandíbula obligándola a mirarla fijamente. Le encanta como besan las mujeres, coger suavemente con los dientes su labio de abajo y tirar suavemente de él la enloquece. Mete los dedos en ese mar de excitación mientras frota con la base de su mano el clítoris, subidas y bajadas rítmicas y firmes mientras hace salir y entrar los dedos. Dios... desprende fuego. Ya no se besan, sólo se desafían con la mirada mientras se tocan. Suena el chirrido de la puerta al abrirse, saca la mano empapada rápidamente. La pared de la entrada ha impedido que las vean, les ha ido de poco.

- Ha sido un placer, espero que coincidamos algún día
- Yo también

Mara se sienta en la mesa.

- ¿Porqué has tardado tanto? De charleta con alguien, ¿no?
- Sí, con una chica con la que coincido algunas veces.

Tras un par de horas de cena y copas se despiden. Por el camino él le da un beso en el cuello.

- Hueles a excitación, cuando lleguemos a casa quiero que me lo cuentes todo zorrita.

Si hay algo que la excita es lo humillada que se siente al relatarle ese tipo de cosas, como una niña cuando siente que debe dar explicaciones por algo que ha hecho que no debería.

martes, 15 de mayo de 2018

Cuando pase la tormenta


No hay más dosis de realidad que cuando las cosas no suceden tal y como las habías planteado. Mis fantasías son como torres de naipes, una pequeña ráfaga de viento y todo se desmorona. He pasado mucho tiempo pensando en la torre, en el montón de cartas desparramadas sobre la mesa, en lo injusto que es que cuando más alta la haces menos tiempo tarde en caer, en por qué he tenido que empezarla si luego me duele tanto que no se mantenga en pie. No es nada nuevo el hecho de que pienso demasiado, que me anticipo a lo que pueda suceder y que me gusta tener las cosas bajo control. En cierto modo es como me han enseñado a desenvolverme. Las cosas no siempre son blancas o negras... y esta no es una excepción. Esa parte de mi me ha llevado a ser buena profesional, pero a veces me machaco hasta el punto que tengo un desorden de bajara que no sé ni por donde empezar. Quizá por eso la D/s me guste tanto... cedo el control, de nada sirve que me anticipe y me encanta porque pese a todo tengo la tranquilidad de saberme en las mejores manos. Todos pasamos por malos momentos, vemos ese montón de cartas desordenadas y nos frustramos sin saber por dónde empezar, ni qué hacer con ellas... Ayer alguien me recordó que las cartas no son para apilarlas, ni para ordenarlas, ni para quedárselas mirando, son para ponerlas boca arriba y jugarlas. Y es que él siempre está ahí mirándome aunque no pueda estar siempre cerca.


jueves, 3 de mayo de 2018

Pajas mentales


Hay una cosa que me tiene hecha un lío. He leído en muchos sitios que cuando un Am@ castiga a su sumis@ tiene que ser algo que no le guste puesto que el objetivo es modificar ese comportamiento. Bien, normalmente se hace uso de dos cosas, el castigo positivo (algo que consideramos como malo pasa como consecuencia de esa conducta) y/o el castigo negativo (se nos priva de algo que nos es considerado como bueno). En esto no tengo duda ninguna, es algo que a veces se aplica incluso en relaciones “vainilla” (no me gusta nada esa palabra pero así se entiende rápido) aunque no se haga de forma consciente. Ahora bien, pongámonos en una situación donde se pretende modificar o mejorar una conducta y se opta por algo que, hasta cierto punto, es placentero. Digo hasta cierto punto porque por ejemplo a mi me puede gustar mucho comer chocolate pero si me obligan a comer dos tabletas de una sentada probablemente acabe encontrándome fatal... Lo mismo me pasa con el spank, el hecho de que, por ejemplo, estar en posición de OTK mientras me regañan a la par que me va doliendo el culo cada vez más me resulta excitante a la vez que bochornoso... Además de que el dolor en un grado elevado no me gusta. Me leo y alguien puede decir que es algo totalmente contradictorio, no sé, seguramente sí, pero es lo que siento ahora mismo. Es esa contradicción últimamente me genera un conflicto interior y ¿por qué? Parece un absurdo... pero es algo de lo cual tengo dudas. ¿Sería en ese caso efectivo como correctivo o entraríamos en una “azotaina erótica”? La gran mayoría de personas a las que les he preguntado no han vacilado en responder que sería una azotaina erótica, sin embargo, hay una parte de mí que no lo ve totalmente certero. Me explico, parte de la situación me atrae puesto que me excito, otra parte no y, ademas, me están haciendo sabedora explícitamente de que tengo que modificar esa conducta o la próxima vez el castigo puede ser más agrio que agridulce. A eso le añadimos que posiblemente la excitación puede que no termine en orgasmo y eso de dulce tiene más bien poco.  Por otro lado... ¿este tipo de “castigos” puede llevar a “buscarlos” en futuras ocasiones? Puede ser, quizá el desasosiego que produce la incertidumbre, el jugar con fuego o el medir los limites es como la adrenalina que se segrega en las emociones fuertes. Como las montañas rusas que te ponen el estómago del revés y, sin embargo, te vuelves a montar.
He leído que hay personas a las que le produce "placer" la situación de ser castigad@s en parte por la atencion recibida o porque les hace sentir cuidad@s, desead@s, etc.
En definitiva, si alguien quiere responder a este despropósito mental leeré con atención y si no, en algún momento pondré en orden mis pensamientos. 

viernes, 13 de abril de 2018

Verbalizando

Hace unos días fuimos a un taller que me pareció muy interesante en el que te daban algunas pautas o trucos para "hablar sucio". En sí no es un lenguaje que suela usar como se ha podido comprobar, no por pudor, no tengo ningún problema con palabras como zorra, perra, etc aunque bien es cierto que no me causan morbo como tal. Ahora bien, el verbalizar ciertas cosas es harina de otro costal, me explico, voy a exponer ciertas situaciones con la parte que me resulta más simple y con la que me resulta más complicada porque considero que me expreso mejor:

Ejemplo 1:
Me he olvidado de pedir permiso a mi Amo para sentarme a comer.
Simple: me recrimina que se me ha vuelto a olvidar y me ordena comer sentada en la escalera, me siento y cumplo con mi castigo.
Complicada: me hace responder a preguntas como ¿después de tanto tiempo cómo puede ser que se te siga olvidando? ¿que castigo crees que debería ponerte? o si me veo el plato en la escalera me haga a responder a preguntas como ¿sabes por qué está ahí tu plato? ¿qué has reflexionado sobre tu falta, castigo, etc?

Ejemplo 2:
Estamos en una "sesión" practicando spank.
Simple: me ordena que me ponga a cuatro patas sobre la cama y mientras me da unos azotes responder a preguntas cerradas como ¿te gusta, te excita, etc?
Complicada: mi Amo me diga o yo tenga que verbalizar que estoy a cuatro patas como una perra, ofreciéndole gustosamente mi culo para el disfrute de que sea azotado como me merezco; explicar lo mucho que se moja mi coño cuando me azota y hace mi culo suyo, etc.

Ejemplo 3:
Estamos en un punto de excitación que ya estamos "en faena" y mi Amo esta en posición de follarme por detrás (no sexo anal, ya imagináis la posición).
Simple: el hecho de imaginarme que de repente para, me quita el plug y me folla el culo hace que me excite mucho más pero me callo y se queda el pensamiento para mí puesto que es algo que me excita pensarlo pero, en el momento en el que estamos, no tendría paciencia (en el caso de que mi Amo quiera ceder a mis caprichos) de que se ponga a dilatar.
Complicada: le digo a mi Amo lo cachonda que me estoy poniendo al imaginarme que me quita el plug y me folla el culo, lo suya y dominada que me hace sentir eso y lo que me excita el pensar que lo haga sin tener en cuenta si "estoy preparada" para ello o no (aunque igual en la realidad prefiriese que eso quedase en fantasía en ese momento).

En resumen, una de las cosas que decían era que es mucho más sencillo hacer una cosa, cumplir una orden o escribirla y que luego la lean, etc. que verbalizarlo mientras te están mirando y escuchando. Para ello daban algunas pautas de cómo empezar para no "meter la pata", hacer feedback, etc. El caso es que nunca me había parado a pensar que realmente es algo que aún me cuesta mucho. El hecho de verbalizar lo que me pasa por la cabeza a veces me da tanta vergüenza que hasta me taparía la cara como hacen los niños. Analizándolo no es por falta de confianza en mi Amo, ni porque vaya a juzgar lo que le diga, es porque primero me juzgo yo a mí misma y eso me impide soltarme. Si es que ya lo dice el refrán "si quieres conocer a tu peor enemigo, mírate en el espejo". Tengo un nuevo camino que recorrer, una nueva meta que alcanzar y mucho trabajo por delante.


sábado, 24 de marzo de 2018

Control a distancia


Estamos frente a la puerta de un local BDSM, entrar en un local así siempre es algo que me pone nerviosa, podría dar muchos motivos del por qué pero sería retroalimentarme.
Enciendo un cigarrillo, el último que sé que podré fumarme sin permiso por hoy, me encanta ver esa nube blanca cuando exhalo el humo, al final todo se disipa en este universo tan grande, como el humo.
Es raro verlo impacientarse, supongo que será por el frío que hace en la calle. Fijo la mirada en las puertas, parecen las de un bar cualquiera, eso es algo que me tranquiliza. El interior es bastante acogedor, una barra self service a la derecha, varios sillones y pequeñas mesas queda repartidas por el local. Saludo tímidamente, a algunos ya los conocía, aunque prácticamente sea de charlar por las redes sociales, tenía ganas de volverlos a ver. Socializar no es algo que se me de especialmente bien así que me limito a sonreír y escuchar.
Esta noche mi Amo esta especialmente guapo, el negro y esas botas de leñador le sientan muy bien. Mientras charla con un grupo de gente me lanza una mirada que no se si catalogarla como pícara o como un gesto de provocación, sea lo que sea, le devuelvo una sobria sonrisa que enmascara mi incertidumbre. Mi ángel me tranquiliza diciéndome que sabe que las cosas en público me avergüenzan, así que no se atreverá a hacer algo nuevo. Mi demonio hace resonar trozos de frases que verbalicé en un momento de lujuria contenida “atada al techo desatas los dos únicos lazos que sostienen mi vestido y me azotas, intuyo que alguien habrá mirando, pero nada puedo ver, porque una cinta me tapa los ojos y otra la boca” a lo que él respondió “ya sabía que te gustaba, pero tu vergüenza te puede”. Una corriente eléctrica sale de mi coño en dirección a mi estómago.
Tira de mi muñeca guiándome hacia un sillón más íntimo mientras me besa la mejilla, cuando sonríe tanto algo esta a punto de suceder. Tras cinco minutos de preguntas (¿cómo te encuentras? ¿estás bien? Etc) saca de su bolsillo el Zeki [1]. Mi mirada atraviesa sus ojos, no sé si alguien nos está viendo pero no puedo mirar, prefiero no saberlo. Tengo taquicardia y probablemente me temblaría la mano si no estuviese sujetando la base del sillón. Estoy tan nerviosa que mi alrededor parece distorsionarse y... ¿mojada? Noto como emano calor entre las piernas y pequeñas contracciones que me producen placer.

- Abre la boca – me dice mientras lo sujeta de la cola. Lo mete en mi boca, intento lubricarlo bien con mi saliva pues intuyo cual va a ser el desenlace.

- Separa las piernas – tira suavemente de mi rodilla derecha y sube la falda larga del vestido mientras la sujeta presionándola contra mi muslo. Si no fuese porque esta casi encima de mí cualquiera podría ver mi palpitante sexo, es la primera vez que llevo ropa interior abierta fuera de casa. Con su mano izquierda lo introduce tercamente tras lo cual baja mi falda y deja de besarme. Hay una diversión sádica en sus ojos, la de aquel que disfruta de su poder, del ser obedecido pese a los sentimientos contrariados.

Estoy tan mojada que temo mancharme el vestido. Miro alrededor con la naturalidad que mi ego deja que fluya mientras me levanto del sillón. Me sorprende ver que nadie este mirando, entonces no puedo evitar sentirme estúpida por sufrir tanto anticipadamente.

- ¿A donde vas? - pregunta son una sorna sonrisa.
- A fumar – respondo desafiante. Después de esto me lo he ganado, además, coger aire me tranquiliza.
- Si quieres fumar ya sabes qué tienes que hacer – arquea las cejas señalando con la cabeza sus botas.

No puedo creerlo, la respiración se me acelera, miro alrededor, ¿porqué me pone nerviosa algo tan absurdo? Ni que estuviésemos en una tetería. Cojo aire y me arrodillo.

- ¿Por favor Amo puedo fumarme un cigarro? - ¿ya estás contento? Resuena en mi cabeza.
- Lame mi bota – articula con contundencia.

Me quedo pensativa mientras lo miro de reojo, ahora ya estoy agachada, no tengo nada que perder. Dejo la imprenta de mi lengua en esas botas negras que tanto me excitan.

- Buena chica, ve a fumar.

Por el camino topiezo con una mujer muy agradable que me pregunta si salgo a fumar, antes de responder una vibración remueve mi húmeda cueva y doy un respingo. Le dirijo una mirada de desacuerdo, él ríe descaradamente mientras juega con la intensidad y los modos del Zeki con su móvil.

- ¿Estás bien? - puedo ver en ella la complicidad de comprender lo sucedido.
- Sí, claro, perdona, vamos a por las chaquetas que hace frío. - Y lejos del ratio de acción de vibrador remoto, a este paso voy a correrme hablando con Mar. O así dice llamarse...

[1] https://www.youtube.com/watch?v=NO_SLIjxRFY

sábado, 27 de enero de 2018

Voy a parar en el camino y en lo que dura un cigarrito...

Apresuradamente me visto para la ocasión, profesional y elegante. Una parte de mi esta intranquila, sabe que todo el proyecto depende prácticamente de la próxima hora. Sentada en una silla me crezco ante la adversidad, sé que tengo rivales sentados a mi lado, pero no me importa. No es por desidia, no es por vanidad, es por conformidad y aceptación. No creo en el destino, creo en las decisiones y oportunidades que quieras tomar. Tras todo ello, la oportunidad que se me ha ofrecido va a poner mi orden en jaque y nuestras vidas se van a convertir en un caos. Un mes se ha transformado en una semana. Mentiría si dijese que no es estresante. Lo es, y mucho, pero también me entusiasma. Vamos a disponer de poco tiempo, tenemos que adaptarnos al nuevo entorno y dar vida a nuestros propósitos.
Muy al principio y hasta día de hoy, una de mis tareas era mantener el blog actualizado y tenía que usar para expresar lo que quisiese. Fijamos los escritos en mínimo uno al mes y el objetivo era que me expresara de verdad, sin tapujos. He pedido permiso para hacer una paréntesis en esto de escribir y se me ha concedido. Si bien es cierto que postear me ha llevado a conocer e informarme sobre ciertos temas y también a conocer blogs y escritos muy interesantes, no siento que abra pandora. Cuando hay algo que aparece en bucle en mis pensamientos, cosas de esas que me producen cosquillas en el estómago sólo de pensarlas, de esas que me avergüenza decir en voz alta bien sea porque lo considere indecente, absurdo o inverosímil, se lo mando por escrito en privado y es ese mi modo de expresar mi yo más profundo. Porque pese a todo, me gusta insinuar cosas a medias y que él las complete en voz alta haciendo que me ruborice y mire al suelo. Porque me gusta que intente meterse en mi cabeza y si no lo consigue convertirme en una ordinaria estimulada por hastío que me produce la situación. Solo él, tan parco en palabras y con esa mirada tan expresiva, hace que vuelva en mí. Quizá porque todo ello me encanta, no tengo claro que el fin de postear haya sido alcanzado... Concluyendo, hasta nueva orden, arrivederci.  


PD: hace poco acudimos al "Munch jóvenes Madrid" y lo recomendamos al mil por cien, esta toda la información en Fetlife.